LA PUERTA OSCURA I. EL VIAJERO (LIJ + 15) David Lozano http://www.libros.ciberanika.com
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Ficha realizada por Anika
LA PUERTA OSCURA I. EL VIAJERO (LIJ + 15)
(La puerta oscura I. El viajero) David Lozano
Editorial SM © David Lozano, 2008 © Ediciones SM, 2008 Género: LIJ / Terror Gótico, a partir 15 años. ISBN: 978846752721 653 Páginas
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“El viajero” es la primera
parte de la trilogía “La Puerta Oscura”.
“Algo muy grave estaba
a punto de ocurrir en París”
Visiones apocalípticas de sangre, cuerpos putrefactos de niños gritando donde muchos
años atrás ocurrió un crimen atroz. Daphne, la adivina, es la testigo visual de
esas señales que sólo los elegidos pueden captar, y todo surge a raíz de una visita
que le hicieron un par de adolescentes, en particular la de Pascal Rivas, español
quinceañero afincado con su familia en París desde hace diez años.
Cuando en una fiesta gótica de Halloween Pascal cae dentro de un baúl, abre una
puerta a otra dimensión. Unos ojos amarillos le espían. Y cuando el profesor Henri
Delaveu es atacado por un ser infernal, descubres que Pascal ha dejado pasar a nuestro
mundo a un monstruo brutal y feroz.
Al tiempo que la detective Marguerite Betancourt se encarga del asesinato de Delaveu,
y el forense Marcel Laville, su compañero, aguanta sus ganas de contarle que él
conoce algo del origen de ese caso, Pascal entra en contacto con muertos y descubre
quién es él y cuál es su misión, pero, sobre todo, descubre que va a tener que cambiar
mucho para conseguir salvar no sólo al mundo, si no también a su querida Michelle.
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Maravillosa recuperación del gótico más clásico y lúgubre ambientado (¡y qué difícil
es esto para resultar mínimamente creíble!) en el París del siglo XXI.
David Lozano recupera en “El viajero” al vampiro clásico (dominio
de la mente si miras a sus ojos, invisibilidad en el espejo, repulsión a los ajos
y los crucifijos, terror al agua bendita y a la luz del sol, necesidad de ser invitado
para entrar en una casa, la estaca y la cabeza cortada como único método para acabar
con ellos…)
Como toda historia gótica que se precie, “El viajero” cuenta con su propia leyenda
casi milenaria, una historia de amor, muerte, dolor y crimen (en este caso por el
orden que he mencionado) y después una promesa de leyenda donde, como pago a un
favor, el alma de una mujer muerta se sacrificará por su enamorado. Curiosamente,
esta leyenda es la que más que posiblemente de pie a una segunda parte.
Ambientar una novela gótica en la actualidad y hacerla mínimamente creíble, como
decía, no es fácil, pero creo que “El viajero” es un ejemplo de cómo puede llevarse
una trama de estas características en pleno s. XXI. Por supuesto nos habría convencido
más ambientada en su momento ya que la superstición, hoy día, está a miles de kilómetros
de aquella
época en la que se creía hasta en dragones que escupían fuego. Pero no
se puede negar que el autor lo ha hecho bien. Al estar dirigido inicialmente a partir
de un público de quince años en adelante, se puede –si quiere- sacar conejos de
la chistera o dejarse algunos pequeños detalles sueltos que sólo el lector adulto
se cuestionaría (más crítico éste y más influenciado también por su propio mundo:
la vida real. Aunque ciertamente hay detalles que no tienen mucha justificación,
como no preguntarse qué es un reloj, en una mazmorra de la Inquisición). No obstante
yo ya he cumplido cuarenta años y dejando al margen la búsqueda de credibilidad
que me impone el tener esta edad, me he dejado llevar y he disfrutado como no hacía
mucho de una novela de terror atrapante, clásica y original a un mismo tiempo, llena
de horrores que me han fascinado y ganas incluso por leer pronto su segunda parte.
Resulta muy acertada la descripción de las relaciones entre los jóvenes (los de
la ipod, los juegos de Rol, los pantalones casi en las rodillas…), su forma de hablar,
sus miedos, inseguridades, gustos, sentimientos. Parece que
David Lozano tuviera
aún reciente su adolescencia o la retuviera mentalmente porque la ha plasmado de
una forma magnífica, pero lo curioso es que éste no es libro facilón, para niños
sin ganas de leer. Todo lo contrario, tiene una prosa cuidada, trabajada, sin repeticiones
absurdas que tanto se ven en otros libros, con personajes cuya personalidad les
caracteriza (Lozano no ha querido reducir a estos chicos a personalidades planas,
algo que el lector más adulto agradecerá). Y volviendo al lenguaje que comentaba,
el autor ha utilizado el argot español (“ya te vale”, “mola”, “ni de coña”…) que,
imagino, sería como un buen traductor hubiera hecho su trabajo al traducir una obra
extranjera a otro idioma (en este caso el nuestro).
Esto me llevó a pensar que “El viajero”, traducido al francés, por ejemplo, tendría
una traducción perfecta si su traductor (¡cuánta redundancia!) fuera capaz de adaptar
el vocabulario adolescente al francés de hoy, el de los jóvenes de la calle. Pero
una cosa me ha parecido fuera de lugar, y es que en Francia se dan cuatro besos
entre amigos, algo que tengo más que comprobado, y Lozano se limita a dos, como
si la historia ocurriera en España. Claro que, si tenemos en cuenta lo bien que
ha descrito las viejas calles de París, entre otras cosas, este pequeño detalle
tampoco merece mucha importancia.
Además, quienes se lean este libro y aún sufran de cierta deficiencia de vocabulario,
se encontrarán con palabras que quizá no hayan escuchado en su vida, como hiératico,
avezada, hedonismo o expedito. Y me alegro de que, aunque pocas,
David Lozano las
haya utilizado porque muchos comenzamos a enriquecer nuestro vocabulario precisamente
en nuestra adolescencia, consultando diccionarios mientras leíamos un libro para
adultos.
David Lozano le da sentido a las visiones y las
apariciones de muertos que piden
ayuda a gente sensible a través de imágenes borrosas, mediante ruidos dentro de
un armario, a través de un espejo… (de los que la web
La Casa de Kruela da constancia
de su existencia) buenos o malos, e incluso a los ataques de seres que parecen venir
de otro mundo.
“El
viajero” describe por un parte algunas zonas de París, pero por otra entramos
de lleno en un mundo imaginario (y de hecho ¡tantas veces imaginado!), la Tierra
de los Muertos. Aquí empieza la verdadera orgía de sensaciones, horrores y maravillas
para los amantes del terror.
No es una historia de terror con mensaje ni moraleja, es una verdadera novela de
asesinatos feroces, hombres, lobos, no muertos, vampiros, fantasmas (o todo ello
junto), zombis, carroñeros, depredadores del averno, de mundos distintos y peligros
ancestrales.
Hay momentos de tensión realmente buenos, como cuando Pascal se esconde en un panteón
familiar con el fin de huir de las garras y las bocas putrefactas de los carroñeros.
Pero vayamos a los personajes…
¿Cómo pueden unos críos que no conocen nada del tema seguir adelante con algo que
no entienden?
David Lozano lo soluciona con la vieja Daphne.
¿Cómo puede una polícia investigar unos crímenes que no tienen consistencia en la
realidad o darle sentido a unos disparos que dan el resultado esperado? De nuevo
con otra figura, la del forense Marcel Laville, que tiene vital importancia en la
historia.
Y hablando de personajes, es de agradecer que la detective Marguerite Betancourt
no sea una tía buena y que además en un momento dado sea capaz de trabajar fuera
de la ley.
También es curioso que utilice en los muertos el sentido del humor, claro que si
lo pensamos bien, nos los describe como una comunidad que antes de morir han vivido,
de modo que se llevan consigo su forma de ser así como años de espera que incitan
a seguir viviendo aunque sea “de otra forma”, y nada mejor que el sentido del humor
cuando la “vida” es casi una eterna espera rodeada de peligros.
Un apunte: aunque este libro está destinado a niños a partir de unos quince años,
¡ojo!, que los miedosos se esperen un poco. (¡Ah! Mejor éste que “It” de
Stephen King, aquí no hay publicidad yanqui).
Y por otra parte animo a los adultos a leerlo también. Tendrán una agradable sorpresa
si se dejan llevar. Os dejo aquí una pequeña descripción de lo que contiene su interior
(¿qué amante del gótico se resistirá a esto?):
Charcas de lodo que escupen huesos, estalactitas de sangre, hedores nauseabundos,
nubes compuestas de sombras que desollan a las personas, espectros encapuchados
cuyos mordiscos son letales, paredes de barro infecto cuyos bultos se mueven como
fetos en los vientres maternos, géiseres que vomitan trozos de cuerpos, aullidos,
depredadores de carne muerta y olor a podrido, líquidos corruptos, larvas que te
comen desde el interior, fango infecto que atrapa cuerpos… ¿Se puede describir mejor
un infierno? Pues esto es sólo un camino hasta él…
Anika Lillo
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