Home


LÍNEAS SUBRAYADAS

Nacimiento del relato: Este es uno de mis relatos favoritos. Lo hice como todos, deprisa y corriendo, pero me gustó el resultado final. Debía basarse en unas directrices del Taller Proyecto Versiones, a saber: un protagonista principal no humano, un cambio drástico en la vida de un personaje y un libro que tuviera un papel relevante en la historia.



LÍNEAS SUBRAYADAS

Yo creo que hay algo más

Sus ojos leyeron la línea subrayada del libro que había caído. Lo primero que hizo fue preguntarse cómo había llegado hasta el suelo. Al no encontrarle explicación lo cogió y miró la página 96, donde una línea subrayada parecía mandarle un mensaje. El libro había caído abierto y Marco lo tomó con delicadeza, la misma con la que acarició la página. Rozar con la yema de sus dedos el papel le traía el recuerdo de una piel ansiada que ya no disfrutaría jamás. Tres semanas y dos días, pensó. Demasiado tiempo sin Mireia.

   

Yo creo que hay algo más

Mireia se debatía entre la razón y la locura. Desde ahí no podía hacer nada más, tan sólo había sido capaz de volcar un libro al suelo y se sentía desfallecida, como si la poca energía de la que ahora estaba compuesto su traje fuera a desintegrarse, y eso la aterrorizaba.

   

Marco tenía que volver a la rutina pero no era fácil. Había adelgazado cinco kilos y decían sus amigos que estaba demacrado, que debía hacer vida social. Sí, es muy pronto, lo entendemos, pero cuanto antes mejor. Mireia no volverá, no volverá, no volverá...

   

Se despertó bañado en sudor con el nombre de Mireia en la boca. Miró la almohada vacía en la que ya no quedaban restos de su perfume y se abrazó a ella. Un golpe seco le hizo levantarse con brusquedad de la cama. El corazón le latió más rápido.

   

Esperaré el momento oportuno para no producirte más dolor

De nuevo había una línea que resaltaba en el libro abierto. Mireia debió subrayarlo, pensó melancólico. Se abrazó a él, se dejó caer en el sofá y se quedó allí dormido, exhausto, debatiéndose entre el ánimo y la melancolía. De momento, ganaba la nostalgia.

   

Esperaré el momento oportuno para no producirte más dolor

Mireia estaba asustada. Consciente de sus limitaciones por la ignorancia en la que se hayaba sumida no sabía cómo reaccionar. ¿Las oportunidades seguirían o se acabarían? Desconocía el mundo de los descarnados, sólo sabía lo que había leído y aún creía en su imagen romántica del más allá.

   

Necesitaba hacerle leer otra línea, necesitaba que entendiera que había un mensaje escondido. Un mensaje para él. Aún podía recordar el amor que habían compartido y la conversación que marcó su vida: “El día que me muera, volveré. Te quiero tanto que no me imagino sin ti, y allá donde esté te protegeré”. Marco se había reído. Los ateos no creen ni en los espíritus ni en el limbo.

   

Con toda su fuerza se deslizó hasta el sofá e intentó golpear el libro. Este cayó de nuevo al suelo y Marco despertó.

   

Te dejaré esto para que lo leas

Marco se agachó para recoger el libro. No sospechaba que Mireia había hecho un esfuerzo que podía haber acabado con toda posibilidad de seguir intentando la comunicación por la que todavía seguía allí, a su lado. Un creyente hubiera dudado ya, pero Marco no sólo no creía en Dios sino que la sola mención de la palabra le revolvía el estómago. La causa era la propia Mireia. ¿Qué Dios hubiera permitido que su esposa sufriera tanto?

   

Por un momento pensó que el libro había vuelto a caer abierto por la misma página pero se sorprendió con una nueva línea. “Te dejaré esto para que lo leas”. Recordaba a Mireia con ese libro, tumbada en el sofá, con las piernas cruzadas sobre una almohada y un lápiz en la boca. No pudo evitar llorar.

   

Se marchó a la cama arrastrando consigo el libro. Apático se dejó caer y se durmió sollozando.

   

Tenía miedo. No sospechaba que sería tan difícil y que existía un desgaste del estado enérgetico en el que se encontraba. Ella había imaginado siempre que al morir se quedaría allí, feliz de estar a su lado, cuidándole, dándole muestras de su eterno amor, haciéndole sentirse bien. Pero ahora estaba al otro lado y sólo veía lo contrario; Marco se sentía mal y ella también. Golpeó con rabia el libro y éste tomó una velocidad desmesurada. Chocó contra la mesilla de noche y arrastró, en su caída, la lámpara.

   

   

Marco despertó sobresaltado. ¿Qué pasaba? En su mente algo le decía que debía recordar una conversación con Mireia pero no lo conseguía. Y ahora esto. Tomó el libro que había caído cerrado y se sentó con él en las piernas. Colocó la lámpara en la mesilla y encendió la luz. No tenía sentido. Llevaba desde la noche anterior intentando dormir y lo único que estaba haciendo era levantarse a recoger un libro que había pertenecido a Mireia, un libro que no debía tener vida, que debería permanecer inerte allá donde estuviera. No, no tenía nigún sentido. Abrió el libro y comenzó a ojearlo sin poder evitar mirar ceñudo y de reojo a la lámpara.

   

Una hora después estaba sentado en el salón con un lápiz y un papel, anotando en orden las líneas subrayadas. ¿Tenía esto algún sentido? se preguntaba.

   

Página 3: “Estaré vagando

Página 14: “Esperaré el momento oportuno para no producirte más dolor

Página 22: “A pesar de la lejanía, si hace falta, viajaré por el tiempo para volver a ti

Página 96: “Yo creo que hay algo más

Página 99: “Cuando me vaya te avisaré

Página 128: “Te dejaré esto para que lo leas

Página 201: “Sabré avisarte, y tú sabrás entenderme.”

Página 213: “Te quiero, mi amor”.

   

Marco se dejó caer en el sofá con el folio entre las manos. Leyó el mensaje una y mil veces, y lloró desconsolado. Empezó a llamarla, cualquier esquina era buena para buscar su imagen. Mireia, Mireia... ¿dónde estás? Quiero verte, necesito verte ¿Es posible que esto sea real, que no me esté volviendo loco?. No se planteó qué hacía un hombre adulto hablándole a las esquinas de una casa, al aire, a la nada… no se planteó qué hacía un ateo creyendo en la vida después de la muerte…

   

   

Mireia se sentía mal. ¿Tenía que estar triste Marco? ¿Era esa su meta? ¡No! ¿Era normal que también ella sintiera tristeza? Su idea romántica del ser amado fallecido reconfortando desde el más allá a su pareja no se estaba cumpliendo. El dolor, en aquella dimensión, era superior al que sufrió en vida. Se estaba rompiendo a pedazos, y sus ilusiones lo hacían con ella. Y lo peor de todo era saberse la causante de otra rotura, la de Marco.

   

   

No abandonaba el papel y releía sin cesar las líneas. Empezó a hablar solo, sabiendo, o al menos necesitando creer, que Mireia le escuchaba. Dejó de contestar al teléfono y de acudir al trabajo. Adelgazó de nuevo.

   

   

Mireia no tenía fuerzas, el dolor la estaba destrozando y el desgaste parecía inevitable. Una fuerza superior tiraba de ella, quería alejarla de Marco. No duele igual un brazo que el alma, pensó. Estaba hecha de energía y era eso lo que estaba latiendo aprisionándola, provocándole las peores sensaciones de dolor y pena. Tenía que hacer algo por él. Marco se había convertido en un alma en pena. Igual que yo, pensó. Pobre Marco. No tenía vida social, apenas comía, había vuelto a perder peso, hablaba solo, ni siquiera se peinaba y apenas se cambia de ropa. ¡Qué le había hecho!

   

Se dirigió a la mesa del salón donde aún descansan el libro y el lápiz. Esperó el momento en que Marco salió de la cocina. Sabía que lo que iba a hacer terminaría con ella pero no le importaba. Se acabaría todo, y le dolía también pensar en el adiós, pero era preferible saber que Marco volvería a vivir. Ayúdame señor, rogó, después me marcharé.

   

   

Marco salió de la cocina y se recostó en el sofá. En su rostro delgado mostraba una risa rígida, como si la necesitara para vivir y tuviera miedo de perderla. Sus ojos tenían la mirada ida. No era consciente de la incipiente locura a la que se estaba dirigiendo a pasos agigantados.

   

Un ruido leve le hizo observar la mesa sobre la que reposaba el libro de Mireia. Su mirada cambió a una expresión de sorpresa. Despacio, con delicadeza, las páginas comenzaron a pasar, una detrás de otra. Un dedo invisible las desplazaba y avanzaba. En un momento dado el libro quedó quieto y Marco se acercó con el corazón agitado. El lápiz se elevó despacio sobre la mesa ante su atónita mirada y se deslizó hasta una línea. Con una leve presión el lápiz comenzó a dibujar una línea bajo cuatro palabras… Ahora ya me voy. Después cayó rotundo sobre la mesa y Marco aspiró hondo. ¿Cuándo había dejado de respirar? Intentando recuperar el aliento apenas fue capaz de notar un dulce y casi imperceptible roce en sus labios.


 
© Anika


 ¿Quieres opinar? E-mail

Pilar López Bernués
Me ha parecido un relato bonito y estremecedor a un tiempo. Esa línea inexistente entre la cordura y la locura, esa diferencia entre tener una mente abierta o negarlo todo se conjugan muy bien para dar vida a la historia, una historia de amor con el sentimiento implícito de una separación forzosa.



~ volver al índice de relatos de Anika ~


RESPONSABILIDADES: Anika es creadora y dueña única de los relatos firmados por ella, y por ello decide hacer públicos sus propios textos. Si alguien quiere utilizar cualquier parte de esta web póngase en contacto con ella. Respeta la propiedad intelectual, respeta el trabajo de los demás.

Dirección y diseño web (webmaster) ANIKA
UTOPIASOFT.NET
© www.ciberanika.com
Datos de acceso
Nick:
Contraseña:


Regístrate
Olvidaste tu contraseña

Menu


 
 
 

Entrevistas en vídeo (MÁS)

ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ 
El silencio de tu nombre
   
PERIDIS
La luz y el misterio de las catedrales

ÁNGELES CASO
Donde se alzan los tronos

 
 
 
 
 
 
 
 

  





SubMenú
Cómo Registrarse
Cómo Participar
Suscribirse a las Novedades

Colaboradores

Contacto para Editoriales
F.A.Q.
Premios Recibidos
Logos y Banners

Extras  Sección Infantil LIJ y La autora de la web (relatos)
La Casita de Amigos de Erik REVISTA
Fichas Infantiles LIJ



MIS TRABAJOS

Tras la Red (e-book)
Relato
Con Neus Arqués, Javier Celaya, Doménico Chiappe, Benjamín Escalonilla, Cristina Fallarás, María Goicochea, Luis González, Arantza Larrauri, Manel Loureiro, José Manuel Lucía, Vanessa Montfort, Miriam Reyes, Dolores Romero, Javier Ruescas y Lorenzo Silva

cómpralo en
sigueleyendo

cómpralo en
amazon

leer reseña Tras la red

Diario de una adolescente del futuro
EPÍLOGO

reseña
Ilarión
cómpralo

King Kong Solidario
Microrrelato

reseña
Edición especial aniversario
cómpralo

Otras miradas
Relato

DLG Argentina
cómpralo (desde Argentina)

Una historia que compartir
Tres relatos

Edición Limitada



Opciones Usuario
Ultimos Comentarios Registrados





Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de la web sin permiso explícito o sin nombrar la procedencia con enlace activo y correcto a http://www.ciberanika.com



 

Para registrase sólo necesitas entrar en cualquier reseña y utilizar el botón de "Regístrate" que hay debajo de cada comentario. No olvides tus datos, Anika Entre Libros no los conserva.




 
 
 
 
 

Crónicas fotográficas y anecdóticas de Anika Entre Libros


Libros Dedicados, un lugar donde visualizar las firmas y dedicatorias de los escritores en sus libros cuando nos los firman. Una bonita imagen que compartir. Si tienes algún libro firmado y dedicado y para ti es especial o tiene alguna anécdota que añadir, participa enviando en .jpg la dedicatoria incluyendo Libro, Autor y tu nombre (si hay anécdota, inclúyela y compártela). Si eres escritor y tienes algún libro dedicado, tú también estás invitado a participar. Envíalo a este correo Aquí. Para entrar en LIBROS DEDICADOS, AQUÍ MISMO.
 



Privacidad Legal Empresa