ENTREVISTA
Muchas de tus novelas están protagonizadas por grandes damas de
la historia, ¿de dónde viene esta pasión por conocer
el papel que jugaron mujeres tan relevantes como
Catalina La Grande en la historia?
Silvia Miguens:
Aunque
parezca pueril el argumento, tal vez me resulta más sencillo ponerme
en la piel de una mujer para analizar la historia. Las mujeres somos más
filosas a la hora de observar y juzgar los acontecimientos. A la
mayoría de los personajes que he tomado les ha tocado "habitar"
y ser testigos del siglo XVIII, del XIX y comienzos del XX.
Son mujeres que de algún modo dieron cuenta de ello. Fue una época
de cambio para la humanidad, especialmente para la mujer y su lucha por
la reivindicación de sus derechos. Tal vez esa pasión de
la que hablas me surge del deslumbramiento que me provocan aquellas mujeres
que a fines del siglo XVIII y durante el XIX, peleaban por cosas
que todavía hoy se nos cuestionan a las mujeres, o peor aún,
que todavía nos cuestionamos...
Mucho
más me deslumbran aquellas que sin pudor, ejercían ya esos
derechos por los que otras luchaban. También las había.
¿Por qué decidiste escribir una novela sobre
Catalina La Grande? ¿Qué aspectos te llamaron especialmente la atención
de ella?
Silvia Miguens:
Catalina
me parece una mujer soberbia. Podemos compartir o no políticamente
su ideología o sus métodos, no es eso lo que me preocupa
porque considero que eso es la parte de la historia que a cada uno le toca
vivir y cualquiera puede juzgar. Me fascinó, en primer lugar,
tomar su voz. Verdadero desafío, siempre, para un autor. Tomar
su voz no en su propia defensa sino como juez y parte de aquellos
episodios en que ella se mostró a la par del hombre, nada menos
que tomando la bandera de Pedro el Grande. Una de las cosas que más
se tiene en cuenta de ella es su vida sexual. Aunque nos parezca desatinada,
mi pregunta y la que puse en su propia voz fue: por qué habrían
de juzgarme a mí por cosas que son tan comunes a los hombres… por qué se concede
una sonrisa a un rey, sus favoritas y su vida licenciosa, y las mismas cosas
significan burla e injuria en una reina. La misma tontería que a diario, aún hoy, podemos escuchar acerca de la vida sexual de un
hombre y una mujer, no importa en qué circunstancia. Porque las
cosas parecen haber cambiado mucho y sin embargo no estoy segura que tanto
a la hora de la verdad.
Además
eso de lo que aún hoy se habla con sorna, es sólo una parte
de su vida. Catalina era un bichito no sólo de gran sensualidad, era sobre
todo una niña carente del afecto necesario que a la hora de jugar
con las muñecas es obligada a casarse con un incapaz y a ser la
Madrecita de todos los rusos, siendo extranjera además. Por otro
lado, era amante de la cultura y durante su reinado se erigieron todas
esas construcciones tan bellas como desproporcionadas que conforman
la Rusia actual. Construcciones que ni siquiera hoy podrían pensarse
en construir. Fue una gran benefactora de hombres como
Diderot y Voltaire,
aunque finalmente también se burlaron de ella. Cada una de esas
anécdotas me daban la pauta de una mujer "hecha y derecha", o sea
una como cualquier mujer de hoy, porque no importa el grado de poder, de
maldad o de bondad, de inteligencia o de torpeza, de todos modos ciertos
hombres se arrogan el derecho a burlarlas…
y ciertas mujeres.
"una novela para
mí, aún tratándose de personajes históricos es una celebración a la que puedo invitar
a todo el mundo"
A la hora de investigar y documentarte para la parte histórica ¿qué
fuentes son las que has utilizado y qué tipo de información
has encontrado acerca de esta figura histórica?
Silvia Miguens:
En general
mi objetivo, o propuesta, va más allá de la información
histórica. Trato de tomar episodios más o menos conocidos
por todos, tal vez los más conocido del personaje y profundizar
en el perfil psicológico. Tomé cosas básicas de su
biografía, en diccionarios, y en su biografía más
conocida, la de
Henry Troyat de la que se han vendido tantísimos
ejemplares y es por lo tanto la versión más fiel y conocida
de Catalina. Así me gusta trabajar. Después, claro, hago
la lectura que más conviene para lo que quiero destacar o hacia
donde quiero llevar al personaje. También suelo trabajar con otros
libros de la época para dar el tono y la escenografía necesaria
a la novela. No olvidemos que es novela. No olvidemos que se trata de Rusia.
No obstante, busco libertad cuando escribo y poder crear. De todos modos
los datos esenciales del personaje, están siempre presentes. Pero
es lo personal a lo que apunto, lo cercano a su cotidianidad, y en torno
a ella poder lograr lecturas desde todos los ángulos posibles.
Trabajé
también con algunos textos de Alejandro Pushkin, como "La hija del capitán", escrito en 1836, donde el poeta cuenta un episodio
importante en la vida de Catalina, la rebelión de Emelián
Pugachov, un personaje brutal enloquecido por el poder como la mayoría
de los personajes de esa época. El libro de
Pushkin editado en Rusia
en español, es una joya que encontré en una "librería de viejo" de las tantas que pululan por las callecitas de Buenos
Aires, tiene reproducciones de la época, por ejemplo un retrato
de Catalina encima del cual los rebeldes habían pintado el rostro
de Pugachov para luego volver a colgarlo en su sitio de honor con total
impunidad. También consulté a poetas como
Anna Ajmátova,
que aunque es posterior me dio cierto tono al ser-mujer en Rusia.
Por supuesto, leí cosas "de y acerca" de
Voltaire y Diderot,
porque
fueron personajes muy cercanos a sus afectos.
En
fin, que una novela para mí, aún tratándose de personajes
históricos es una celebración a la que puedo invitar a todo
el mundo, y por tanto soy la que más se goza esa fiesta.
Después de investigar la figura de la zarina rusa ¿qué
es lo que más te sorprendió de ella que no conocías?
Silvia Miguens:
La primera
sorpresa fue cuando supe que a los cuatro años le colocaron un corsé
durante varios años, porque era bastante contrahecha. Y muy especialmente
que ese corsé lo hizo y se lo colocaba el verdugo del pueblo… no
podía imaginarme aquello… cómo se crece a partir no sólo
del desafecto familiar sino con la consigna de que, el que te ayudó
a poder mantenerte derecha y sin dolor es el mismo que decapitaba a otras
gentes del pueblo. Por otro lado, imaginar una niña inmersa en toda
esa vorágine de la realeza… era para mí deslumbrante. En realidad,
más incomprensible que deslumbrante. No hay que olvidar que es aún
más difícil de imaginar para una personita como yo nacida
en el Sur de América. Una niña, además, sometida a
las intrigas familiares, el desarraigo de su madre, luego el de su marido,
de su hijo; a la soledad cotidiana y aquella a la que infringe el poder…
Con esta novela ¿podemos aprender una parte de la historia de Rusia?
Silvia Miguens:
Ojalá
los lectores puedan, yo aprendí mucho de la historia de Rusia con
la novela. Espero haber podido plasmar lo necesario, a veces sucede que
los autores nos extrañamos tanto con el personaje y su entorno que
los episodios históricos se nos pueden ir un poco de las manos,
es involuntario. Mi finalidad, fue que el lector se deslumbrara y
enamorara de Catalina, igual que a mí me sucedió; poder transmitir
o contagiar esa fascinación, y que le despierte la gran curiosidad
de buscar en libros de historia los mismos u otros episodios para redondear
la novela. Si la novela despierta esas ganas de abrir los manuales de historia
estará logrado el propósito de una “Novela Histórica”.
En esta novela ¿qué parte podemos decir que sea fiel a los
hechos históricos y qué parte es ficción?
Silvia Miguens:
Es difícil
establecer eso hasta para mí… Los datos primeros, fechas, nacimientos
varios, sucesos importantes, el espíritu de la relación
del personaje principal con cada uno de los que lo rodean, todo eso está
tomado estrictamente de manuales o ensayos históricos. Son datos
fríos, pero para contarlos es necesario armarles el entorno que
los muestre, el escenario, la situación en que se dan. Por ejemplo,
el viaje que realizan a Crimea para encontrarse con Potemkin, es realmente
un
cuento de las Mil y una noches… fue
fantástico y claro que sin
dudas mucho más fantástico de lo que yo misma soy capaz de
imaginar. Potemkin en sí mismo era un personaje de novela
fantástica.
Uno de los personajes que hizo el viaje con Catalina
cuenta que vivió esa experiencia como un cuento de hadas.
También la misma Catalina lo manifiesta de ese modo en sus "Memorias",
a las que tuve acceso de manera fragmentada, lamentablemente, pero deben
ser fabulosas y que dicen fueron escritas varias veces a distinta edad.
Los personajes ficticios se mezclan y me atrevo a decir, se difuminan con
los reales de manera que es prácticamente imposible diferenciarlos
¿podrías decirnos un personaje que sea ficticio y qué representa?
¿Por qué lo creaste?
Silvia Miguens:
En este
caso he trabajado con muy pocos personajes ficticios. O sea, existieron
Babet Cardel, su nana, y el tío Jorge Luis, por ejemplo, pero de
todos modos fue necesario darles una textura y ponerlos a hablar, por lo
tanto imprescindible ficcionalizarlos para darles credibilidad. Tal
vez es una contradicción pero así los he escrito. En el caso
del verdugo que hizo el corsé, inventé sólo
el nombre y su
situación, pero es real que en ese momento el verdugo del pueblo
que hacía de médico y de brazo armado de la ley fue el que le
puso un corsé, una pequeña cárcel portátil,
a una niña de cuatro años!.
¿Qué personaje de la novela te gusta más y por qué?
Silvia Miguens:
Sin duda,
Catalina, y Potemkin que me parece un ser extraordinario, fascinante. Y
cuando digo "extraordinario" me refiero como personaje de novela… no como persona
¿se entiende? También su nieto Alejandro,
del cual me gustaría seguir escribiendo ¿Por qué?
No lo tengo claro. Veo ternura en ellos y pasión por la vida. Mucho
de locura, ese pasar de la dicha a la desdicha con sólo pestañear.
Se ha escrito mucho sobre
Catalina de Rusia y hay numerosas “leyendas”
sobre los apetitos sexuales de la emperatriz…¿qué hay de
cierto en todo esto?
Silvia Miguens:
Lo de
los apetitos sexuales es todo un tema. Ella era sin duda ambiciosa,
glotona con todo… ella misma confiesa que está ávida de cultura,
ávida de poder, por qué no habría de estar ávida
de amor… para empezar porque no lo tuvo de niña; en cuanto al sexo
¿por qué no podría ejercer igual glotonería
o avidez que un hombre? Tal vez lo juzgamos con los ojos de hoy que siempre
son más pudorosos. En cuanto a lo de si murió teniendo sexo
con su caballo, no lo creo, no se ha probado y me pareció una tontería
trabajar ese tema; sin embargo no me cabe duda que en muchos casos el calor
animal, y la ternura, la lealtad, (hablo de "calor, ternura y lealtad"),
son tanto más reconfortantes que el de los humanos que nos rodean… por
lo tanto, tal vez no murió teniendo sexo con su caballo pero podría
ser que hubiera muerto buscando el calor y la entrega incondicional de
su caballo, cobijándose al amparo de su calor animal o primario… porque
estaba claro que ése fue un sentimiento que nunca tuvo a su alrededor.
La historia de Catalina es una historia de superación de obstáculos
durante toda su vida, desde la poca agraciada Figchen con sus problemas
físicos pasando por la zarina ignorada durante años por su
propio esposo, Pedro Ulrico, e incluso llegando a ser la madre a la que le
arrebatan los hijos nada más nacer… ¿de dónde crees
que sacaba las fuerzas para salir adelante?
Silvia Miguens:
Eso es
lo que más conmueve. Son las cosas que me conmueven de estos personajes
de antaño. Hoy somos débiles. Supongo que las condiciones
de vida en sí eran tan duras que todos debían ser más
fuertes. Además si la opción era ser la zarina rusa o una
campesina, no tuvo mucho para elegir. Si en verdad era hija natural de
Federico II de Prusia, ya era una mujer de raza, sin duda. El poder, la
lucha, el afán de conquista… lo llevaba en la sangre aunque nunca
llevase sangre Romanov, ni ella ni ninguno de sus descendientes.
Me ha llamado especialmente la atención el tema de la promiscuidad
en la corte en aquellos años y la benevolencia e incluso la aceptación
social con la que se veía que la zarina tuviese numerosos amantes…
¿esto era habitual en todas las cortes europeas?
Silvia Miguens:
No sé
mucho de las costumbres de la realeza pero creo que debe ser habitual,
o debería ser habitual. De hecho lo primero era lo primero, "parir
herederos y perpetuar dinastías"…
entonces si para dar un heredero
a la corona rusa le meten en la cama un primer amante y todos cierran los
ojos, empezando por su marido… cómo no iba a cobrarse esa afrenta
cada día de su vida. Muy especialmente cuando a poco de parir el
primer hijo le quitan no sólo el hijo sino el amante que le habían
impuesto y del cual se había enamorado.
¿Hasta qué punto “los favoritos” de las reinas podían
intervenir en asuntos de estado?
Silvia Miguens:
Supongo
que bastante, en el caso de Potemkin sin dudas, errado o no, intervino
altamente en las cuestiones de Estado; también al parecer el último
de sus favoritos.
¿Quién crees que fue la persona que más influencia
causó en Catalina, la que marcó su vida?
Silvia Miguens:
Sin dudas
su nana Babet Cardel, que le transmitió gran cultura y la lengua
francesa convirtiéndola en una conocedora, voluptuosa,
de todas las formas del arte y la vida. Su tío por cierto fue de
gran influencia en lo afectivo, de ahí toda su sensualidad exacerbada.
Y mal que le haya pesado a la misma Figchen, heredó la ambición
de su madre, o la llevó a cabo según su modelo.
¿Qué aspectos de la política de Catalina promovieron
la modernización de Rusia?
Silvia Miguens:
Creo
que todos, porque dio pautas de lo que se debe y lo que no, con la misma
fuerza y entrega para todas las políticas públicas. No sólo ella
directamente sino lo que pasó a sus herederos, especialmente a su
nieto Alejandro.
¿Qué le debe el pueblo ruso a esta inteligente, culta, autoritaria
y sagaz emperatriz?
Silvia Miguens:
Creo
que hizo la suficiente historia como para dar el perfil de los rusos, aún
hoy, magníficamente además, sobre todo sin ser siquiera rusa.
Los rodeó de un refinamiento y belleza que aún perdura y
le deben el ballet, el teatro, la literatura, las mejoras en torno a la
niñez. ¿Quién podrá quitarle méritos
a aquello de haberse inoculado por primera vez, ella misma y a su hijo,
la vacuna contra la viruela, aún a riesgo de morir con el experimento?.
Tal vez le deban también lo de vivir apasionadamente la vida, y
hasta los vaivenes de la política.
¿Podemos decir que Catalina era una mujer avanzada para el tiempo
que le tocó vivir? ¿En qué se refleja esto?
Silvia Miguens:
Sí,
fue avanzada sin dudas. Sobre todo si la comparamos con los gobernantes
de hoy. Y repito, no importa si compartimos o no su ideología política,
de todos modos tuvo actitudes o generó situaciones políticas
y sociales que mucho más adelante se repiten en otros países
dando la pauta de lo que se debe hacer y lo que no.
Creo que has sabido encontrar el equilibrio entre la Catalina autoritaria,
estratega, política… y la Catalina apasionada, cariñosa, amante
de su familia, especialmente de su nieto Alejandro, que años más
tarde se convertiría en Zar… ¿cómo lo has conseguido?
Silvia Miguens:
¡Gracias por el elogio! Tal vez resulte de mi mirada, en esa dirección enfoco
la mirada cuando investigo: el equilibrio. Creo que así deberíamos
ser a diario todos, tal vez sea mi propia búsqueda y al no poder
lograrlo en mí, armo lo más equilibrado posible a mis personajes… en
el caso de Catalina, el equilibrio se lo da la pasión creo, la misma
pasión pone en todos sus actos, los peores y los más loables.
Por lo tanto, no me refiero a que debemos "ser equilibrados" en la vida,
sino a que deberíamos poder conciliar, por ejemplo: al estratega
con el espontáneo, método versus pasión en su justa
medida cada cosa.
Después de los numerosos libros publicados sobre Catalina, ¿qué
podemos encontrar en este libro que no hayamos leído ya?
Silvia Miguens:
Espero
que la ternura, la ternura posible y real de una mujer que supo ganarse
un lugar en la historia, con pasión y entrega en cada acto de la
vida.
Me gustaría que recomendaras tu libro a los lectores…
Silvia Miguens:
Ah, difícil tarea…
tal vez se lo recomiendo por ser uno de los que más me conmovió
al escribirlo; o tal vez, porque se trata de una mujer que nos transmite
poder, el poder de la lucha, de la perseverancia, de la resolución
frente a la adversidad…
porque fue así para acceder y perdurar en
la corte rusa pero hubiera sido igual de intensa y vital en cualquier
pueblito perdido ejerciendo cualquier actividad; o tal vez porque de haber
nacido en otra época y lugar, podría haber sido Eva Perón
en el siglo XX en Buenos Aires, o Flora Tristán en el XIX
en París, o bueno, tantas otras que como ella rompieron
los parámetros establecidos del ser-mujer.
¿Tienes algún nuevo proyecto de novela que se vaya a lanzar
próximamente? ¿o no se puede desvelar?
Silvia Miguens:
Estoy
trabajando con Isabel II de España. Y me da mucho trabajo… tantos son
los personajes que la rodean… y tan "personajes" todos…, o tal vez me
cuesta porque se trata de un período histórico más
cercano en el tiempo y que de algún modo es parte de la historia
argentina y americana, si consideramos las políticas de su padre,
Fernando VII. También estoy investigando sobre Flora Tristán,
otra mujer soberbia.
Muchas gracias Silvia por regalarnos este pedacito de historia…
Silvia Miguens:
Gracias
a vosotros.
Patricia
Calvo © www.ciberanika.com
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