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Entrevista a ALBERTO LOPEZ AROCA 
para Anika Entre Libros
Por Pilar López Bernués
Alberto López Aroca nació en Albacete en 1976 y trabaja habitualmente con historietistas, pintores e ilustradores. Es autor de las novelas “El placer según Mateo” (2001) y “Medio kilo y una pipa” (2002) y tiene, así mismo, obras de relatos breves: “Cuadros de costumbres del siglo XXI” (2002), “A por cadáveres” (2003)” entre otras.
Está interesado en la figura de Sherlock Holmes y ese personaje cobra vida en algunos de sus relatos. Sus tres últimas creaciones, no referidas, son las que vamos a comentar en esta entrevista.
..La realidad y la ficción, tal y como se consideran tradicionalmente, son agua y aceite. Y a mí eso me parece una falacia de primera categoría, fruto de la falta de reflexión, y quizá de la ignorancia y la intransigencia. 

  

                      ENTREVISTA

Hola Alberto. Hoy vamos a hablar un poco de tres obras tuyas: “Los espectros conjurados”, “Nadie lo sabrá nunca” y “Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs”. Todas ellas tienen elementos comunes, incluso personajes comunes y llevan al lector a un complejo mundo en el que realidad, fantasía y ficción se dan la mano...

Alberto López Aroca:

Muy buenas, Pilar, encantado de charlar contigo. Sí, estos tres libros tienen mucho en común... aunque cada uno de ellos es completamente distinto de los otros, como ya habrás notado. El “Cuaderno de bitácora” es un conjunto de ensayos, “Nadie lo sabrá nunca” es una recopilación de cuentos, y “Los espectros conjurados”...



Vamos a ir por partes: “Los espectros conjurados” suena a obra de terror, pero yo no la veo así, es más, me resulta difícil clasificarla dentro de un género concreto. ¿Cómo la describirías tú? 

Alberto López Aroca:

Pues en efecto, no es precisamente una novela de terror; ni tan siquiera un libro de cuentos de miedo. La verdad es que ni yo sé muy bien qué es este libro... ¿Una declaración de intenciones? ¿Un montón de relatos y piezas marcianas? En realidad, nació, se gestó y se desarrolló como un homenaje al maestro Juan Perucho, con quien contacté al comienzo de la redacción del volumen, y que desgraciadamente falleció antes de que el libro viera la luz. Fue una gran pérdida para el mundo de las letras, y su talento nunca estará lo suficientemente reconocido. Mi admiración por Perucho se fundamenta en su osadía, pues era uno de los pocos autores que, en los años 60, estaba haciendo literatura fantástica. (Si alguien no ha leído “Las historias naturales”, debería hacerlo YA. Quien crea que es imposible escribir una historia de vampiros durante las Guerras Carlistas, y encima con un tono que recuerda a Verne, sólo tiene que abrir “Las historias naturales” por la primera página y seguir hasta el final).

Además, Perucho era un verdadero erudito, una enciclopedia ambulante, un estilista, y por supuesto, como todos los grandes escritores, un mentiroso empedernido. Su mundo literario abarcaba todos los universos habidos y por haber... y supongo que eso es lo que hice (o al menos intenté hacer) con “Los espectros conjurados”: reunir muchos mundos en uno solo. Ya ves, luego dirán que los nuevos autores no somos ambiciosos...



El primer relato de esa obra lleva por título “Los sabios en Salamanca”. Las descripciones son muy plásticas y hasta divertidas pero me ha resultado un poco corta, esperaba algo más trascendente...

Alberto López Aroca:

Es un cuadro de costumbres ocultista, por decir algo. La idea de reunir al profesor Challenger (de Conan Doyle) con el doctor Van Helsing (del “Drácula” de Stoker) en Salamanca y no hacer nada melodramático tiene mucho que ver con la idea de la Mitología Creativa: los personajes tienen vidas propias más allá de las obras donde aparecieron por primera vez. Aquí, Challenger no va en busca de mundos perdidos, y Van Helsing no anda a la caza de vampiros. Son dos académicos, dos profesores universitarios, que en mi modesta opinión, debieron tener unas vidas bastante aburridas, como cualquier otro profesor. El hecho de reunirlos en un lugar común (Salamanca, la más académica de las ciudades españolas) no tiene por qué dar lugar a una conjura de las fuerzas del Mal, ni nada por el estilo. Eso sería lo obvio. Sin embargo, lo que sucede en esta historia es que comen juntos, toman café, intercambian ideas... eso sí, rodeados de un ambiente extraño, siniestro y un tanto corrupto, que tiene mucho que ver con esas fuerzas del Mal a las que aludía. Y con la realidad cotidiana, por supuesto. No me cabe la menor duda de que, después de matar a Drácula, la vida sigue.



¿Es común a toda tu creación literaria esa interrelación entre realidad y ficción? 

Alberto López Aroca:

Es común a toda la literatura, y a todas las artes. Vamos, esto es entrar en un discusión bizantina, si cabe, o como hablar del sexo de los ángeles. Pero vamos a ello: se dice tradicionalmente que el arte busca la belleza, cosa con la que no puedo estar de acuerdo, sobre todo si atendemos a determinadas manifestaciones artísticas que son decididamente feas, o al menos feístas. Ejemplos de esto los hay a espuertas: Goya, los enanos de Velázquez, cualquier buena novela de terror...

Al margen de cuestiones estéticas, creo que el arte busca la Verdad, así, con mayúsculas. Y la Verdad no es una cuestión de “realidad y ficción”, o al menos, yo no creo en esa dicotomía tan manida.

Sí es cierto que se busca (los artistas, y en general los seres vivos) en la realidad, en lo que yo llamo “el plano real”, pero cuando alguien quiere aprender (aprender en general) no se limita al contacto físico, al ver, oír, sentir y gustar. También se acerca uno a los pensamientos de otros, por ejemplo en los libros. (Decía Stephen King que la escritura es telepatía pura y dura, y ese señor, aunque en su día le votara a Nixon y creyera que a Kennedy lo mató Lee Harvey Oswald, no tiene un pelo de tonto).

La realidad y la ficción, tal y como se consideran tradicionalmente, son agua y aceite. Y a mí eso me parece una falacia de primera categoría, fruto de la falta de reflexión, y quizá de la ignorancia y la intransigencia. La ficción es pensamiento, en última instancia, y el pensamiento tiene la cualidad de moldear la realidad a su antojo: una piedra no es una piedra hasta que no pensamos en ella. El mundo en que vivimos, las cosas que nos parecen mal, los gobiernos, todo eso... existe sólo porque nosotros lo permitimos, porque lo asumimos y lo pensamos así. La conciencia general (el superconsciente, o lo que dijera Jung, o Freud, o quien demonios fuera) es un gran poder, pero el pensamiento individual puede influir decisivamente. Lo que yo diga, lo que yo piense, puede cambiar las cosas. Vamos, que la fe mueve montañas, literalmente. Y si no, sólo hay que visitar una de esas canteras que destruyen el paisaje para ver que esto es verdad... porque a algún espabilado se le ocurrió cargarse una montaña para forrarse, ¿no?

A la hora de escribir, está claro que partimos de la realidad... pero también de los pensamientos de terceros, que forman parte de esa realidad. Y los pensamientos son tan reales (y a veces, tan tangibles) como un pedazo de granito.

En fin, un lío de mil demonios. ¿Para qué andar haciendo distinciones entre lo que es real y lo que no lo es? ¿Existe el Monstruo del Lago Ness? ¿Hay en el mundo al menos un político honrado?

 

...Me gusta tratar a personajes supuestamente ficticios como si fueran históricos...



Alberto, en algún pasaje, el mundo que describes me ha recordado mucho a “La historia interminable” de Michael Ende...

Alberto López Aroca:

Lo leí de niño, y me gustó mucho más que la película (que era la mitad de la historia). De hecho, ese libro se lo gané a mi hermano Daniel en una partida de dardos. Lo presté y lo perdí, cosa que a nadie extrañará. Quien lo tenga en su poder, que lo aproveche. Recuerdo la novela de Ende como algo mágico, y al tiempo, hermético: no me hagas mucho caso, pero creo que Michael Ende funciona mucho con símbolos.

Por mi parte, la verdad es que no escribo con claves, no soy demasiado alegórico, no escribo una cosa cuando quiero decir otra... Lo que lees es lo que hay. El simbolismo no está pensado para mí, aunque creo que los símbolos, los nombres, tienen poder. Nada mejor que decir en voz alta “PERRO” para evocar todos los perros habidos y por haber, posibles e imposibles. Si yo te digo “PERRO”, seguro que te evoca a tu perro, el que se comió el paquete de libros que te envié, o quizá alguna mascota de la niñez, o yo qué sé... a alguien le evocará a Cancerbero, o al perro que le mordió en el culo...

En fin, que ya casi no me acuerdo de Michael Ende, aunque sí lo disfruté en su momento. Quizá sea hora de revisitarlo, ¿no?



¿Es “Los espectros conjurados” una realidad diferente? Y por diferente quiero decir si TODO lo que el ser humano es capaz de imaginar, soñar, temer, escribir, etc. convive con nosotros. 

Alberto López Aroca:

De esto ya hemos hablado antes, pero volvamos a ello: la realidad, tal y como la conocemos (el mundo de levantarse por la mañana, hacer café, ir al cuarto de baño, etc.) no es más que un reflejo de algo mucho mayor. Creo en diversos planos de realidad... y no por fe. Un ejemplo de andar por casa sería la cuestión perceptiva de los esquimales, o de una persona que se dedique a la investigación de lo paranormal, (o al fútbol, yo qué sé). Los mundos de esas personas son completamente distintos entre sí: ven partes del mundo que los demás ni siquiera imaginan. Viven con ello, y para ellos no es menos real que para mí el bar de debajo de mi casa.

Cada uno de nosotros vemos cosas que los demás no pueden ver, y eso conforma nuestra idea del universo. Que yo vea espectros donde otros ven tinieblas sólo quiere decir que el mundo es mucho más complejo de lo que nos imaginamos, mucho más rico, más siniestro... y a la vez, mucho más divertido.

Tengamos en cuenta, por ejemplo, el mundo de los sueños: pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo, es decir, viviendo en un lugar caprichoso, maleable y cambiante, y que sin embargo, no deja de tener una serie de puntos de referencia constantes, o lugares comunes: el monstruo que te persigue en la pesadilla es algo que todos compartimos, todos lo conocemos... hasta el punto de que, en mi opinión, debe tener una existencia al margen de ti y de mí. (Por cierto, de esta idea, que es tan antigua como la Mitología Griega, me convenció el señor Alan Moore de Northampton, un guionista de tebeos que es, sin duda alguna, el mejor escritor vivo. A día de hoy, los mejores autores se encuentran en ese medio, y no en los libros. Vivir para ver).



De alguna manera, las tres obras que vamos a comentar nos sitúan en un caótico mundo en el que todo puede pasar, en ese sentido se parecen. ¿Qué te lleva a escribir que un personaje real y conocido se entreviste, por ejemplo, con el profesor Lidenbrock, que es un científico creado por Julio Verne

Alberto López Aroca:

Como te decía antes, el mundo en el que todo puede pasar no es otro sino el nuestro. Yo lo veo muy claro, por tanto, mi mundo literario es el nuestro.

Me gusta tratar a personajes supuestamente ficticios como si fueran históricos, porque en verdad, Lidenbrock es real. Quiero decir que es tan conocido que tiene mayor rango de realidad que todas esas personas que viven en Australia, por decir un lugar al azar, a las que no conozco. Lidenbrock, ese genio con mal genio, es para mí mucho más familiar que la señorita Jane Dubuque de Canberra, que puede existir o no, no tengo ni idea.



Alberto: En “Los espectros conjurados” separas los relatos por temas, pero no del todo porque algunos personajes se entrecruzan, y añades un anexo alfabético en el que aparecen todos, o casi todos, reales o imaginarios...

Alberto López Aroca:

Es lo mejor del libro, el índice onomástico. Y lo más divertido de escribir. De hecho, no soy muy aficionado a revisitar mis obras cuando ya están publicadas, no soy uno de mis mayores fans, precisamente... Pero el índice onomástico de “Los espectros conjurados” me sigue sorprendiendo, ¡y eso que lo escribí yo! Hay ahí tanta información, tantas historias, tantas ideas, que ya no recuerdo de dónde diablos las saqué. De verdad, me lo pasé bomba, y creo que es algo que se nota en el libro.



¿Tiene el diablo seis mil nombres? 

Alberto López Aroca:

Por lo menos. Y a esos, habría que sumarle algunos que no se pueden pronunciar en idiomas humanos, que de esos también tiene un montón, y se pueden rastrear en las obras de H. P. Lovecraft, Arthur Machen, William Hope Hodgson, Robert W. Chambers, Algernon Blackwood, Lord Dunsany, y en un millón de sitios más. ¡Hay tantos libros, y tan poco tiempo...!



Hablando de “Nadie lo sabrá nunca”. También has agrupado los relatos por temas, yo creo que más claramente que en la otra obra, aún así, ¿no crees que habría sido mejor un volumen completo del cazador, por ejemplo, otro del Dr. Vudú y uno más de tus escritores heterónimos? 

Alberto López Aroca:

Esa es ya una cuestión editorial. “Nadie lo sabrá nunca” es, como bien dices, cuatro libritos en uno. Los cuentos del Doctor Vudú son sólo un esbozo de lo que habrá de venir, cuando me sienta con ánimos de meterme de cabeza en cuestiones demonológicas, eso sí, en clave de relato de terror y aventuras. El mundo de lo oculto es fascinante, por supuesto, pero tiene también una cara muy mundana: los magos comen y duermen y todas esas Dr. Vudu, por Pedro Tornero. Inspirada en "Los espectros conjurados"cosas, y los demonios, reales o no, también tienen muchos componentes que sólo podemos definir como humanos. Ya verás, al final va a resultar que el mundo es nietzscheano y que sólo estamos nosotros mirando al abismo... Espero que no, porque me sentiría bastante decepcionado.

King Parker, Norm Eldritch y el resto de los muchachos son unos disfraces en los que me siento muy cómodo, y me parece un ejercicio muy sano para el escritor: ponerse en el pellejo (mentalidad, estilo, etcétera) de un autor que no es uno mismo. Se parece un poco a calzarse unas botas de agua para ir a pescar, o si quieres, a disfrazarte para salir en el desfile de carnaval: entras en el personaje que te ha tocado, y acabas haciendo cosas que, en otras circunstancias, ni se te habrían pasado por la cabeza. Se lo recomiendo a todo el mundo, y sobre todo a aquellos que escriben.



El personaje del cazador creo que da para muchos más relatos, y de hecho ya aparece en el otro libro y en alguno de los anteriores ¿no? ¿Te has planteado escribir nuevas historias sobre él, incluso novela? 

Alberto López Aroca:

Mis dos primeros libros publicados son novelas de Rafael Núñez, el Cazador de Psicópatas: “El placer según Mateo” (2001) y “Medio kilo y una pipa” (2002), que gozaron de cierto éxito de ventas a nivel local. El Cazador es una creación temprana, y admito que me aburrí pronto del rollo maniqueo del personaje: hay un malo horrendo —el psicópata de turno—, y él lo pilla y lo mata. Parece que el esquema no da mucho de sí, ¿verdad? Pero a día de hoy estoy pensando en retomarlo, a ver si alguna vez cumplo mi promesa de escribir 60 novelas (o 60 historias) de Rafael Núñez, que conformarían toda su vida... Otro de esos proyectos que rebosan ambición por los cuatro costados.



¿Piensas que el lector atrapado por las aventuras del cazador se interesará, por ejemplo, por la magia, la fantasía o los demonios, por muchas vísceras que haya por medio? 

Alberto López Aroca:

La verdad es que me da igual. Si estuviera pensando todo el rato en lo que le va a gustar al lector, o lo que va a dejar de gustarle, no escribiría jamás ni una sola línea. Es como andar pensando si esto que he escrito, y que es una ficción hasta que se demuestre lo contrario, va a ofender a alguien. Siempre hay un lector al menos para cada libro... y siempre hay un detractor. (O muchos). Todo esto, por supuesto, no es incompatible con el inmenso respeto que siento por los lectores: yo soy uno de ellos, y no me apetece que venga un escritor a decirme que no tengo ni puta idea porque no me ha gustado un libro suyo. Ya te digo: respeto, pero no devoción. (Y aunque parezca incompatible, apostillo: sin embargo, siempre se escribe para que alguien lea lo que has escrito. Y eso es así).

En cualquier caso, con el tiempo sí que he observado que los lectores que se interesan por uno de los géneros tradicionales (terror, ciencia-ficción, serie negra) acaban interesándose por los demás. (Por cierto, qué palabra más fea: “género”. Eso de poner etiquetas parece más propio de Challenger, Lidenbrock o Van Helsing que de personas serias como nosotros, que disfrutamos con las historias, y no tenemos espíritu de entomólogo, ¿verdad?) Hay muchos autores —se me ocurre Fredric Brown, el de “Marciano vete a casa”— que han tocado varios palos literarios por sistema.

Con respecto a las vísceras, ya que lo mencionas, ese es otro asunto al que no le doy mayor importancia. No me interesa ni me agrada especialmente el destripe sistemático. Los desmembramientos, las torturas y tal me producen repulsión, no soy de los que se recrean o disfrutan con la violencia (“Hostel”, de Eli Roth, me parece una película mala, mientras que las cosas de Tarantino son todas estupendas). Otra cosa es que suceda en algunas de mis historias: espero que nadie me culpe por ello, pero mira, es lo que digo siempre con respecto a mis relatos: las cosas pasaron así, y punto.



Dices en alguno de los libros que muchos de tus relatos son el resultado de proyectos inacabados... 

Alberto López Aroca:

Sí, es La Maldición del Proyecto Que Nunca Llegó a Ser. Se cumple 99 veces de cada cien, por lo menos, y tiene de positivo que tu trabajo, llegue o no a buen puerto, está realizado honradamente y a conciencia. Y eso no te lo quita nadie.



También es cierto que algunos de ellos los has ido publicando en revistas... 

Alberto López Aroca:

Y en fanzines, sobre todo; un medio de comunicación que en los últimos años anda un poco de capa caída. Yo empecé a caminar con cierta soltura en el mundillo literario de la mano de Fábulas Extrañas, que antes de ser mi editorial de andar por casa, era un fanzine que ha tenido, hasta hoy, una larga andadura de cincuenta y tantos números desde 1995. Me parece lamentable que la cultura del fanzine esté desapareciendo, pues es el medio de comunicación libre por excelencia. Los fanzines, y concretamente, el entorno de los fanzines de Albacete, han sido mi escuela de escritura particular. La gente con la que traté en aquella época, y que hoy día siguen siendo mis amigos, son los que realmente me han enseñado a escribir y a tomarme la literatura como un oficio, y no como un ejercicio de autocomplacencia: de no ser por escritores como Luis E. Cauqui o Alfonso Tornero, yo estaría escribiendo todavía tontunas de medio folio en lugar de historias con pies y cabeza.

En aquella época (te hablo de los años 90), los fanzines eran el caldo de cultivo para gente que, ahora mismo, está realizando trabajos magníficos. Sin ir más lejos, el historietista Sergio Bleda, que es un gran amigo y quizá el más influyente de los autores de cómic actuales, empezó por aquellas fechas haciendo fanzines.

Animo a todo aquel que desee ver su obra impresa a que se pase por la copistería más cercana, tire cincuenta ejemplares de su obra, y los ponga a la venta en la papelería de la esquina... Y que aproveche Internet no para publicar, sino como plataforma publicitaria.



¿Cómo definirías tú el “Cuaderno de Bitácora de Matilda Briggs”? Sabemos que Sherlock Holmes es el principal protagonista... 

Alberto López Aroca:

Pues es un libro de ensayos sherlockianos, escrito por un sherlockiano, y pensado para sherlockianos. Me ha servido, sobre todo, para darme cuenta de que no estoy solo en mi locura por el Maestro —así llamamos a Holmes—. Y además, resulta que algunos profanos se han interesado por el Gran Detective a raíz de la publicación de este cuaderno. Si me hubieran dicho que iba a convertirse en un relativo éxito de ventas (encima en Madrid), me habría descacharrado de la risa... Pero mira, ahí está.



Alberto: ¿Qué es para ti Sherlock Holmes? Porque parece evidente que ese personaje te interesa mucho...

Alberto López Aroca:

El señor Sherlock Holmes de Baker Street no es sólo más real que los habitantes de Australia, sino más real que la China entera, y que un servidor. Empezando por el nombre, resulta que tiene algo mágico. Basta con decirlo en voz alta: “Sherlock Holmes”.

Desde mi punto de vista, es una de las creaciones literarias más importantes de la historia, y el aluvión de pastiches, estudios, parodias e imitaciones que siguió a su creación no tiene parangón. Decía Vincent Starrett, un famoso sherlockiano que “nunca tantos habían escrito tanto para tan pocos”, en referencia al fenómeno. Los sherlockianos no somos muchos, pero permanecemos fieles al personaje durante toda la vida.



¿Nació Sherlock Holmes porque existió Arthur Conan Doyle, o nació éste último para crear a Sherlock Holmes? 

Alberto López Aroca:

Entiendo a qué te refieres. Sí, es un caso un poco pigmalioniano (vaya palabreja me acabo de inventar, pardiez): el personaje que se hace más grande que el autor. En fin, no sabría decirte si Conan Doyle estaba predestinado o algo así, aunque supongo que sí... Pero en cualquier caso, Holmes es la aportación más grande de Doyle a la Historia de la Literatura y de la Cultura Popular... por mucho que a él le pesara. Ya conoces toda esa historia, según la cual Doyle mató al personaje porque estaba hasta las narices de él... y así lo mantuvo, muerto en las cataratas de Reichenbach, hasta que un editor aparcó un camión de dinero a la puerta de su casa. Holmes se resistía a morir, y así parece que sigue sucediendo hoy día.



¿Por qué Sherlock Holmes acepta el caso de Mary Poppins? 

Alberto López Aroca:

Porque Holmes es un tipo de mente abierta, y cree que “hay más cosas en el Cielo y en la Tierra”... como también lo creo yo. Tener una mente lógica, racional, y todas esas cosas que se le atribuyen a este detective implica que, tarde o temprano, te encuentres con fenómenos extraordinarios y maravillosos que escapan a las explicaciones convencionales. Cuando eso sucede, tienes que cambiar tu concepción del universo, o al menos ampliarla. Si Holmes es tan inteligente como parece, no me cabe la menor duda de que no tendría problemas en investigar asuntos que sobrepasaran los rígidos límites establecidos por la ciencia reaccionaria y tradicionalista de su época... o de la nuestra.

Está claro que al escribir un pastiche, uno trabaja con una marioneta ajena. Podría, como otros autores menos respetuosos (y más ingenuos), haber hecho bailar al señor Sherlock Holmes con una música muy distinta: podría desnudarlo, llevarlo al cuarto de baño para que todos viéramos sus partes pudendas, o a una casa de lenocinio. Podría haberlo ridiculizado. Podría haberlo matado. Podría haberlo casado, como le dijo Conan Doyle a William Gillette, el actor que interpretaba a Holmes. Pero he preferido ser consecuente con esta marioneta, tan rica en matices, y ponerlo frente a frente con otro de esos individuos extraordinarios. Además, hay un detalle en cuanto al concepto de Sherlock Holmes que suele pasar desapercibido, y es que la mayoría de las historias originales están narradas desde la perspectiva del doctor John Watson. Es francamente agradable meterse en la piel de ese médico castrense del siglo XIX, cuyo ingenuo patriotismo anglosajón sólo es más pequeño que su bondad natural. Todo el mundo debería escribir alguna vez un pastiche de Sherlock Holmes, y sobre todo, utilizar la voz del bueno de Watson.



La tesis que nos muestras sobre la identidad de Jack el Destripador ¿es tu tésis? 

Alberto López Aroca:

Definitivamente, no es mía, pero me la he apropiado, que para eso es un hecho histórico y carece de copyrights. Esa idea procede de Stephen Knight, un investigador que publicó un estudio que lleva por título “Jack the Ripper: The Final Solution” (1976). La película “Asesinato por decreto”, que enfrenta a Holmes y al Destripador, se hacía eco de las teorías de este libro, y Alan Moore también partió de Knight para escribir “From Hell”, la obra definitiva sobre el tema. Me he limitado a limar los defectos de “Asesinato por decreto” en introducir a Holmes en el contexto de “From Hell”. Y por si lo preguntas, sí, William Gull era Jack el Destripador, y me remito al volumen de Moore para salir de dudas.



Alberto... ¿Qué es el Diógenes Club? 

Alberto López Aroca:

Un club de Londres, situado en Pall Mall (a pocos metros de Whitehall), pensado para todos aquellos que no quieren pertenecer a ningún club. Uno de sus miembros fundadores fue Mycroft Holmes, agente del gobierno inglés y de la Reina Victoria, además de hermano mayor y más listo que el Maestro.

En mi opinión, y en opinión de otros holmesianos, como el citado señor Alan Moore, el Diogenes Club es el centro neurálgico de los Servicios Secretos británicos. La Inteligencia Militar, vamos. Como todo el mundo sabe, la época de mayor actividad de los espías ingleses tuvo lugar durante la etapa colonial inglesa, que abarca no menos de 200 años, los siglos XVIII y XIX. James Bond no sería más que el epígono de una larga estirpe de espías pertenecientes a la que fue la agencia de espionaje más poderosa de su tiempo.

Los miembros del Diogenes Club no pueden hablar unos con otros, salvo en la llamada Sala de los Extraños, donde Mycroft se reúne con Holmes y Watson. Ese detalle del silencio y la incomunicación entre miembros tiene mucho en común con nuestra idea de lo que es el mundo de los espías, ¿verdad?



¿Qué tienen en común el famoso detective inglés y Fu Manchú? 

Alberto López Aroca:

Que son fascinantes, que han trascendido a sus creadores, que se han convertido en tópicos, y que son más grandes que la Vida misma. Y además, coincicideron en el tiempo y en el espacio.

Son dos caras de la misma moneda: el héroe invencible y el villano implacable. Curiosamente, si los relatos de Conan Doyle son divertidísimos y en algunos casos, incluso brillantes, los de Sax Rohmer (creador de Fu Manchú) no soportan bien el paso de los años, y adolecen de maniqueísmos de la época que un buen escritor habría sabido salvar. Y aún así, Fu Manchú sigue siendo el arquetipo del “doctor malvado”, al igual que Holmes es el arquetipo del “gran detective”.



Este cuaderno del que hablamos está editado por la Academia de Mitología Creativa Jules Verne, y es realmente un cuaderno. ¿Me puedes hablar de esa academia y cuál es tu vinculación con ella? 

Alberto López Aroca:

Pues soy su fundador y presidente desde agosto de 2003. No es una agrupación al uso, ni tenemos reuniones periódicas, ni nada de nada. No hay cuotas mensuales, ni sede social. Y no obstante, tiene miembros que ocupan sillones (yo soy el sillón Jules Verne, por cierto) y realizan actividades. El propósito de esta Academia consiste en estudiar e investigar las relaciones existentes entre las más diversas obras literarias, y más concretamente, y por motivos de derechos de autor, las anteriores al siglo XX.

La Mitología Creativa (término acuñado por el señor Philip José Farmer, de Peoria, Illinois) parte de la idea de que cualquier obra literaria está basada en hechos reales, y que el audaz investigador puede entresacar los datos auténticos que el autor falsea. Así, personajes como Tarzán, Sherlock Holmes, Doc Savage, La Sombra, Don Quijote, Fu Manchú, La Celestina, el Rey Arturo, y todo el que puedas imaginar, son tratados como las personas reales que en su día fueron... o pudieron ser.

En realidad, es una disciplina literaria tan antigua como puedas imaginar... Retrocede hasta Homero, y te quedarás corta.



Ya para terminar, Alberto... ¿Estás trabajando en otro libro o vas a publicar algo a corto plazo? 

Alberto López Aroca:

Uff, siempre estoy haciendo un millón de cosas a la vez... empiezo a pensar que si no tengo Ivan Muvi, por Pedro Tornero. Inspirada en "Los espectros conjurados"entre manos una docena de proyectos al tiempo, me aburro. O eso, o es que soy idiota. Pero vamos a ver: tengo intención de sacar en breve un par de booklets (libritos muy cortos, no encuadernados, sino grapados; para entendernos, cuadernos como el de Matilda Briggs). Se trata, una vez más de ensayos. El primero se titula “Los Marsh: un linaje de la América Profunda”, y es una genealogía de la familia Marsh de Innsmouth, protagonista de “La Sombra sobre Innsmouth”, de H. P. Lovecraft, uno de los mejores relatos de terror de todos los tiempos. Dios mediante, este pequeño volumen apaisado contará con ilustraciones del pintor Pedro Jesús Tornero: una muestra de su extraordinario hacer se encuentra en mi web, concretamente en la galería que Pedro le dedicó a “Los Espectros Conjurados”. Merece la pena verlos, de verdad.

A través de esta genealogía de los Marsh, aprovecho para mostrar la diversas conexiones que existen entre personajes literarios que, en principio, no guardan relación: por ejemplo, creo que el capitán Ahab (del “Moby Dick” de Melville), Arthur Gordon Pym (de Poe) y “Wolf” Larsen (“El lobo de mar” de Jack London) forman todos parte de una misma familia. Los orígenes de los Marsh se remontan hasta Robinson Crusoe, para que te hagas una idea. Este tipo de trabajos literarios con muy entretenidos y gratificantes de realizar. Mitología Creativa en estado puro. (Y por cierto, Sherlock Holmes también está relacionado con los Marsh, ¡cómo no!)

El otro booklet tiene por título “Sherlock Holmes, retirado”, y es una continuación de las biografía holmesianas tradicionales (“Sherlock Holmes de Baker Street” de William S. Baring-Gould, por ejemplo): cuenta la vida y hechos del Gran Detective desde el año de su retiro en 1903 hasta... bueno, yo diría que hasta nuestros días... En este ensayo, se comentan sus encuentros con el gentleman-cambrioleur Arsène Lupin, con Fu Manchú, con Franklin Delano Roosevelt, con Tarzán, con Harry Houdini... Y claro, se habla también de sus discípulos, que son muchos y en algunos casos, bastante aventajados...

Como con estos trabajillos no tengo bastante, estoy terminando de escribir, y ya llevo un año de retraso, “El Ojo en el Laberinto”, una aventura larga de Sherlock Holmes escrita por el doctor Watson, recogida por un oscuro autor americano llamado Robert H. Blake, y traducida al castellano por mí.

En el terreno del cómic, estoy preparando una serie de guiones para Sergio Bleda, acerca de un personaje suyo, el vampiro Jacob, que es un campesino prusiano de mediados del siglo XVIII, y que ya apareció en “El Baile del Vampiro”, un excelente tebeo de Sergio. Este proyecto (ambicioso, ¡cómo no!) consta de nueve álbumes... o no.

¡Ah! También estoy preparando una nueva novela de Rafael Núñez, que todavía no tiene título. Y una extensa carta de Charles Marlow (protagonista de “El Corazón de las Tinieblas”, de Joseph Conrad) a Mycroft Holmes, donde se narra la visita de Sherlock Holmes a la Isla de la Calavera, donde vive cierto simio gigante.



¿Te gustaría añadir alguna cosa más? 

Alberto López Aroca:

Mejor que no, porque si no me enrollo, y tengo que irme a trabajar.



Ha sido un placer leer tus libros, Alberto, y he de decir que me has sumergido en un universo caótico, distinto, inverosímil... Pero que me deja un recuerdo entrañable. ¡Muchas gracias por la entrevista!

Alberto López Aroca:

Muchísimas gracias a ti, Pilar; el placer es mío. Y gracias también a Anika, que con su página está haciendo por los libros y la lectura mucho más que mil Códigos DaVincis. ¡Saludos!.

 

Pilar López Bernués © www.ciberanika.com  
© Dibujos, Pedro Tornero (Inspirados en "Los espectros conjurados") Imágenes cedidas por Alberto López Aroca.

Tablón de portadas

Enlaces Relacionados

Web Oficial de Alberto López Aroca
Ficha "Los espectros conjurados" en Anika Entre Libros
Ficha "Nadie lo sabrá nunca" en Anika Entre Libros
Ficha "Cuaderno de bitácora del Matilda Briggs" en Anika Entre Libros

 
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Con Neus Arqués, Javier Celaya, Doménico Chiappe, Benjamín Escalonilla, Cristina Fallarás, María Goicochea, Luis González, Arantza Larrauri, Manel Loureiro, José Manuel Lucía, Vanessa Montfort, Miriam Reyes, Dolores Romero, Javier Ruescas y Lorenzo Silva

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