ENTREVISTA
¿Por
qué dices en el prólogo que todo lo anterior a estos poemas es “prehistoria obscena
y prescindible”?
Raúl Quinto:
Grietas completó mi proceso
de formación como poeta. Como digo en el prólogo, lo escribí en 2001 cuando contaba
con 23 años, por esas fechas había entrado en contacto en
Granada con una serie de poetas jóvenes
como
Rubén Martín,
Daniel Rodríguez Moya,
Nieves Chillón… que consiguieron
sacarme del encierro poético en el que me hallaba desde siempre, y eso se nota en
estos poemas, que son fruto de ese aprendizaje común. Desde que comencé, en plena
adolescencia, a escribir poesía hasta esas fechas en las que empiezo a compartir
mis poemas con estos poetas (para colmo estudiantes de literatura) había seguido
un camino totalmente autodidacta, sin saber exactamente qué era lo que se escribía
en mi época y sin conocer ciertos rudimentos básicos del oficio de poeta.
Grietas se
presenta así como mi primera obra ya madura, con plena consciencia de lo que quiero
decir y con el dominio de las herramientas que me permiten hacerlo. Lo anterior
son miles de experimentos, la mayoría de los cuales me sonrojarían hoy; mi obra
poética comienza con
Grietas.
Hablas en el prólogo de la imposibilidad de corregir un poema del pasado. ¿Corregir
un poema que escribimos tiempo atrás sería como cambiar el significado de ese poema?
Dicho de otro modo, ¿la poesía está íntimamente relacionada con los estados de ánimo
de cada momento de creación?
Raúl Quinto:
Siempre que se modifique un poema, aunque sea una coma, su significado variará.
Pero ese no es el problema, ni tampoco esa ligazón con el estado de ánimo del momento
de su creación, porque además no creo que haya una equivalencia entre el estado
de ánimo y la escritura ni que haya que establecer ningún vínculo, como si uno fuera
reflejo del otro. Es más, mi opción es la de una total asepsia emocional a la hora
de sentarse a escribir, para evitar precisamente que pueda haber contaminaciones
en el proceso creador.
Cuando hablo de la imposibilidad de corregirlo me refiero a que
Grietas está
escrito con un lenguaje muy determinado, propio de ese universo y de esa etapa mía
como escritor, estamos hablando de 2001, de mi primer libro, después he escrito
otros dos, o tres si sumamos
Poemas del Cabo de Gata,
y mi estilo ha ido mutando, adaptándose, creciendo o menguando, pero ya no puede
ser el mismo aunque quisiera.
Podría haber hecho un esfuerzo, pero quería que el libro volviera a las librerías
con todas las impurezas de un primer libro, que es lo que es. Esto no quiere decir
que esté en contra de esa reelaboración constante de su obra que ofrecen autores
como
Juan Ramón o
Gamoneda. Esa es su opción.
¿Qué ocurre en la vida de un joven de 23 años para que empiece a escribir estos
poemas donde el tiempo, la existencia quebradiza, los sueños tormentosos tienen
tanta presencia?
Raúl Quinto:
Grietas se convierte en la primera
piedra sobre la que edifico mi poesía entre otras cosas porque son los primeros
poemas donde saco fuera de la literatura a mi yo biográfico, es decir, yo no estoy
en
Grietas.
Evidentemente en mi vida han pasado acontecimientos, algunos incluso terribles,
que estuvieron en el germen del libro y que me permitieron pulsar la tecla oportuna
para transmitir ciertas sensaciones que pueblan los poemas, pero lo que hay allí
no soy yo. De hecho no hay ningún yo en todo el libro, el personaje poético son
unos ellos fantasmales, presos de ese oscuro desmoronarse en el que ciertas
realidades sumen al ser humano.
Siempre explico que
Grietas intenta
sumergir al lector en el pozo mental propio de la vida en prisión, en la droga,
en lo que antes llamaban un manicomio, los campos de refugiados o la vida bajo el
maltrato, sin ir más lejos, la compañía DATE DANZA ha tomado fragmentos de este
libro como base para su espectáculo sobre la
violencia de género titulado Signos de Arena.
De todo esto me quedo con el tiempo
y unos versos tremendos “cíclica miseria donde el tiempo carece de sentido”.
¿Estamos los seres humanos condenados a una “cíclica miseria” o la “inercia” en
el tiempo, de la que también hablas en el poemario?
Raúl Quinto:
La cíclica miseria es la que se vive en esas realidades que antes citaba. Cuando
todo es caer y siempre no tiene sentido el concepto de tiempo; se supone que el
tiempo mide los acontecimientos o acaba desembocando en algún punto, estableciendo
asideros para cifrar la realidad, pero cuando sólo hay un acontecimiento repetido
infinitamente no sirve de nada.
Por fortuna la vida de la mayoría de nosotros no se rige por esas coordenadas extremas,
todo es mucho más apacible y hay que alegrarse por ello. Yo propongo con este libro
asomarnos a las grietas que fracturan nuestra plácida realidad, mirar, aunque sea
horrorizados, ese mundo que está dentro del nuestro.
Raúl, la arena tiene mucha importancia en el poemario. De hecho, abres
Grietas con
unos versos de Oliverio Girondo donde la arena tiene mucha
presencia; versos de arena, diría yo.
Raúl Quinto:
La arena es el símbolo principal del libro, ya desde la cita, como bien dices. Y
es así porque es la imagen que representa a la perfección la descomposición de la
realidad y la mente, ese continuo caer que antes decía. Suelo explicarlo con un
ejemplo gráfico: cogemos un puñado de arena de playa con nuestra mano derecha y
cerramos el puño, lo que queda en el hueco de la mano es el yo, si la abrimos comenzarán
a caer incontables granos de arena de lo que antes era una unidad.

Hay un verso muy revelador. “El agua siempre
borra los signos de la arena”.
Raúl Quinto:
Precisamente el verso que la compañía de danza toma como referencia, incluyendo
una escena en que la
víctima del maltrato que ha sido humillada
por su pareja embadurnándola de arena sucia purga su miedo limpiándose con agua,
borrando los signos de arena. Ese verso introduce una nota de esperanza en un poemario
muy desolador, aunque también puede verse de la forma contraria...
Y a pesar de ello
posiblemente sea la única verdad sin discusión que haya en el libro, cualquiera
que haya caminado por la orilla de la playa sabe que en cuestión de minutos sus
huellas acabarán desapareciendo.
El poemario es una reedición que
ha hecho La Garúa, ¿cómo se llega al acuerdo de reeditar
Grietas?
Raúl Quinto:
Mi amistad con Joan de la Vega se remonta a la época en que andaba buscando editor
para La piel del vigilante.
Me planteó la posibilidad de editar ese libro, pero una semana más tarde de esa
conversación se falló el premio Andalucía Joven que gané en 2004 y fue DVD quien
se llevó el poemario. A esto se unió el hecho de que la primera y minúscula edición
de Grietas se agotó al año siguiente,
y que en lo sucesivo muchos poetas que llegaban a leerlo me insistían en que era
una lástima que ese libro hubiera pasado desapercibido porque para algunos era incluso
mejor que La piel del vigilante...
Así que se lo planteé
a Joan y éste accedió de buen grado, lo que hice fue añadir a la obra original un
pequeño y extraño cuaderno de poemas sobre el paisaje almeriense, con el fin de
que el libro para La Garúa fuera algo exclusivo.
Los Poemas del Cabo de Gata responden
a un triple homenaje según tú mismo mencionas en el prólogo. Uno de ellos es la
belleza extrema de sus paisajes y un canto en su defensa. Háblanos de tu relación
con el Cabo de Gata y de esas amenazas que ciernen sus paisajes.
Raúl Quinto:
Cuando cumplí los 6 años mi familia se trasladó desde Cartagena a Carboneras, un
pequeño pueblo pescador e industrial que está en el límite mismo del Parque Natural
del Cabo de Gata-Níjar, la famosa Playa de los Muertos está en este municipio, para
más señas. Esa es mi tierra, allí crecí y allí regreso siempre que puedo, porque
están mi familia y mis amigos. Todos esos paisajes que aparecen en el libro los
he respirado y vivido.
En cuanto a las amenazas,
por desgracia son bastantes y tristemente célebres, casi todas tienen mucho que
ver con la voracidad del urbanismo indiscriminado, sólo recordar el interminable
affaire del Hotel del Algarrobito, que por cierto también está en Carboneras.
Estos poemas son otra forma de luchar por la conservación de esta belleza.
Precisamente en el poemario podemos ver imágenes absolutamente terribles del Cabo
de Gata, como cielos que se desploman, mares febriles,
luciérnagas que se ahogan en el mar,
astros que sangran…
Raúl Quinto:
El Cabo es un lugar de contrastes violentos, no hay mesura. El mar baña el desierto,
los colores chocan entre sí como en ningún otro sitio, la luz desnuda la piedra
y deja al descubierto posibilidades infinitas, el
azul es más azul, cuando llueve el cielo
pesa en los ojos, cuando hay niebla es como si un ala borrara la realidad con el
blanco más blanco… sí, es un espectáculo terrible, le recomiendo a todo el mundo
que lo visite.
Los otros dos homenajes son a
Javier Egea y a
José Ángel Valente. ¿Te han marcado
mucho su poesía?
Raúl Quinto:
Son dos de mis poetas favoritos, a pesar de las grandes diferencias que hay entre
ambos, pero si aparecen en el libro es porque los mejores poemas que he leído sobre
el Cabo de Gata los escribieron ellos.
Javier Egea tiene un libro maravilloso
que escribió en la Isleta del Moro llamado
Troppo Mare, muchas veces a la hora de escribir mis poemas
tomé como pie forzado su verso “Raro este cielo”,
aunque luego nunca fueran por ahí los versos siguientes.
En cuanto a
Valente, estuvo viviendo muchos años en Almería y escribió muchas
veces sobre estos paisajes que tanto en común tienen con su poesía.
¿Cuáles son ahora tus intereses poéticos?
Raúl Quinto:
Dentro de poco saldrá editado el que sería mi tercer libro de poemas, si dejamos
fuera
Poemas del Cabo de Gata,
en la editorial Renacimiento: La flor de la
tortura. Y llevo entre manos algún proyecto creativo a
largo plazo como un libro de poemas y un
cómic experimental. Por otro lado continúo
junto a María Salvador con la revista
Oniria y desde este verano
estoy codirigiendo la colección de poesía de La Garúa, estamos refundando la editorial
y prometemos dar mucha guerra.
Esperaremos ansiosos esos proyectos…
Manel Haro ©
www.ciberanika.com
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"La Piel del Vigilante" (Premio
Andalucía Joven de Poesía 2004)
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