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Entrevista a JAVIER
COSNAVA
para Anika Entre
Libros
Por Gemma Nieto |
Javier Cosnava no es un hombre sencillo. A pesar de su
apariencia, con su sonrisa cálida y su mirada limpia. Y no lo es porque no busca
las cosas fáciles, por regla general suele complicarlas para… sencillamente, para
ver qué pasa.
De hecho, buscando en la web, no he encontrado muchos datos sobre él; pero sí sus
palabras, y con ellas, sus intenciones. Y casi siempre son las mismas, no dejar
tranquilo al lector, moverle desde los cimientos y conseguir irritarle; a veces
creo que haría cualquier cosa con tal de conseguir sus lectores pensaran; porque
a Javier no le gustan las neuronas dormidas, las quiere bien despiertas.
Este catalán de nacimiento, se afincó en Oviedo y, además de escribir con una pluma
muy afiliada, también es guionista y ha publicado varias obras de cómic. Junto al
dibujante Toni Carbos sacó a la luz en 2008 la novela gráfica
Mi heroína;
al año siguiente llegaría
Un buen hombre,
versada sobre la urbanización en la que vivían los soldados de las SS nazis. En
esta aventura le acompañaron 11 dibujantes. Algo difícil de conseguir si no se dispone
de una sonrisa muy muy cálida y de una mirada muy muy limpia… porque no debe de
ser sencillo convencer casi a una docena de profesionales para participar en un
proyecto común. De cualquier forma, a Javier le atraen los retos difíciles.
En 2009 publicó la primera parte de la biografía del padre de Adolf Hitler,
De los demonios de la mente
y este año 2010 acaba de aparecer
Diario de una adolescente del futuro,
su primera incursión en la novela juvenil y fantástica. Pero que los lectores no
se engañen, las apariencias no son lo que uno cree en la narrativa de Javier. Su
novela puede parecer juvenil y fantástica… pero solo para las neuronas dormidas;
las despiertas, descubrirán otras muchas cosas.
Diario de una adolescente del futuro
(Ilarión) relata la vida de Paula, desde su adolescencia cuando solo piensa en fiestas
y flirteos con el sexo opuesto hasta su madurez, en una Tierra dominada por un sistema
político totalitario enfrentado contra los rebeldes AG.
Frases para el recuerdo:
Sobre la sociedad: “Nuestro planeta cada vez es más ignorante y
se potencia la estupidez hasta rozar la apología a través de la televisión […].
Un mínimo de cultura te da autocontrol […]. Una sociedad inculta es una sociedad
maltratadora.”
Sobre la censura: “Cuentan por ahí que murieron cerca de ciento
cincuenta manifestantes, pero eso nadie se atreve a decirlo en voz alta y en los
telediarios solo se habla de los policías muertos.”
Sobre la política: “Porque acababa de comprender que Dani sería
un gobernante tan despreciable como lo han sido todos a lo largo de la historia
de la humanidad.” (Eva Rubio).
...Yo creo que un autor debe estar comprometido
con su tiempo. Incluso a riesgo de equivocarse, incluso estando seguro que va a
equivocarse. Mis preocupaciones hacia el mundo en el que vivo las plasmo en mi literatura...
ENTREVISTA
¿Por qué escribir una novela juvenil
que versa sobre el maltrato (“psicológico, sexual, social, estatal, propagandístico,
alienador” –como dice en la Nota del autor al principio de la novela)?
Javier Cosnava:
¿Y por qué no? Demasiadas novelas hoy en día son menos clones de otras, demasiadas
novelas se parecen entre sí y resultan demasiado definibles, englobables dentro
de un género a causa de la obsesión de las editoriales por no asumir riesgos y valerse
sólo de escritores que repiten clichés y buscan únicamente vender y ser políticamente
correctos. Yo quiero vender lo más posible (risas), pero lo de ser políticamente
correcto ya no se me da también. No creo que
Diario de una adolescente del futuro
sea una novela juvenil ni tampoco fantástica.
Lo que yo hago no puede circunscribirse a las estrechas paredes de ningún género:
es una novela “cosnávica”, para bien o para mal. Tiene elementos de la literatura
juvenil y elementos de la ciencia ficción clásica, pero se aleja de ambas diametralmente
camino de... ninguna parte. Ni siquiera tengo muy claro que sea una novela enfocada
a un público joven; yo creo que lo que se dice en
Diario de una adolescente del futuro
puede resultar interesante a cualquier tipo de lector, incluidos los de mediana
edad.
Lo único que tengo claro es que se trata de una novela que a mí
me habría encantado leer de joven, de adolescente, porque trata de abrirte los ojos
mientras los medios de comunicación y buena parte de la literatura que se publica
tratan de cerrártelos. Ese es el verdadero maltrato, el de una sociedad que busca
unos ciudadanos cada vez más idiotas.
Diario de una adolescente del futuro
es una obra dura que habla de muchos tipos de maltrato (desde luego, no es apta
para pusilánimes); se trata de una novela que impacta sobre el lector de la misma
forma que si recibiera un golpe. ¿Se ha dado usted cuenta de que su prosa maltrata
al lector tanto como a la protagonista de su obra? ¿Alguno de ellos ha decidido
tomarse la revancha?
Javier Cosnava:
Una novela que invita a pensar, a mantener siempre intacto un espíritu de revuelta
que se perdió en los años sesenta, debe necesariamente impactar, dar un cachete
imaginario en el rostro del lector.
Diario de una adolescente del futuro
es una novela dura, sí, pero también es una novela necesaria, donde nada es gratuito.
Mis novelas a menudo son breves porque elimino toda aquella paja que rodea muchas
otras obras. Aunque yo respeto lo que hace todo el mundo, y de hecho la mayor parte
de la literatura que consumo es lineal y previsible, a mí me gusta hacer otra cosa,
sorprender al lector e incluso sorprenderme a mí mismo. Las bofetadas creo que van
en ambas direcciones y las ansias de revancha a las que eludías en tu pregunta,
las reconduciré hacia un nuevo proyecto en el que los excesos caminen hacia otros
derroteros y los golpes le lleguen al lector y a mí mismo por senderos inesperados.
En su libro no hay personajes buenos, realmente
buenos, ni malos muy malvados. El lector no puede identificarse con ninguno de ellos
y se siente confuso sin saber hacia qué punto enfocar su atención. La lectura del
libro constituye un trabajo arduo porque las cosas no son ni blancas ni negras,
aún siendo diferente todo parece igual. ¿Por qué no deja tranquilo al lector en
lugar de atosigarle para que no pare de pensar?
Javier Cosnava:
Vivimos en una sociedad maniquea donde hemos olvidado que no hay ni buenos ni malos.
Estamos en un bando o en el otro, pero todos somos buenos y malos. Basta ya de utilizar
la palabra malvado en lugar de enemigo. Los que se oponen a nuestros intereses económicos
ten por seguro que la televisión nos los dibujará como los peores malvados del universo.
Y nosotros, pobre tontos, la creeremos. Pero es mentira. Hay intereses económicos
y países, grupos, empresas, políticos... que ganan y otros que pierden. No admito
siquiera que se piense en buenos y malos, quien piensa en estos términos siempre
estará equivocado y vivirá su vida engañado.
Yo admiro a mis enemigos, como Aníbal admiraba a Escipión, como César admiraba a
Pompeyo. Si alguien se opone a nuestros intereses comerciales, económicos, tendremos
que derrotarle, pero no le minusvaloremos, no hagamos programas en la televisión
para que la gente entienda lo malo que es tal dictador cuando el dictador de al
lado es nuestro aliado. Yo reivindico la palabra enemigo, adversario, contrario.
Son palabras hermosas.
En la obra se descubren algunas de sus preocupaciones:
política, manipulación, tiranía… No parece que el género fantástico juvenil sea
el más adecuado para tratar estos temas, a menos que el género literario utilizado
sea una mera excusa para transmitir los mensajes. ¿Es su novela, entonces, una novela
de mensajes?
Javier Cosnava:
Yo creo que un autor debe estar comprometido con su tiempo. Incluso a riesgo de
equivocarse, incluso estando seguro que va a equivocarse. Mis preocupaciones hacia
el mundo en el que vivo las plasmo en mi literatura. Yo miro hacia las calles, y
veo a nuestros jóvenes, criados en unos ideales absurdos falsamente de izquierdas
y sobreprotegidos; unos jóvenes son mucho más violentos de lo que éramos nosotros;
que sufren mucho más embarazos a pesar de estar más informados; que empiezan sus
relaciones sexuales más pronto y son infinitamente más manipulables.
Como ya he dicho antes, respeto todo tipo de literatura, pero pido que haya espacio
para todos los mensajes y todos los mensajeros. Existe un predominio (que en otros
ámbitos sería llamado "monopolio") de la literatura juvenil “Light”, ñoña, de personajes
planos basados en películas de cine y de tramas donde todo el mundo aunque tenga
cincuenta años se comporta como un crío de quince. Este tipo de literatura de evasión
está muy bien, si está bien construida, por supuesto, pero yo creo que es el momento
de hacer otro tipo de novelas. Porque esa literatura de consumo que se hace ahora
de forma implícita también está transmitiendo mensaje: que todo va bien, que la
gente es previsible, superficial y que hasta vampiros que tienen ocho siglos están
preocupados por cosas de adolescente.
Yo quiero hablar de otro tipo de jóvenes, de ésos que creen que las cosas van mal,
que las crisis nos va engullir si no hacemos algo y que nuestros políticos dan más
miedo que los vampiros, los zombis y los hombres-lobo juntos.
Repasando su producción literaria anterior,
acaso ¿para Javier Cosnava no importa tanto cómo se cuenta, si no lo que se cuenta?
Javier Cosnava:

Una novela es "lo que se cuenta”, el cómo es una añagaza, un producto de tu experiencia
como narrador. Cuando has escrito lo suficiente, ya sabes que puedes construir tus
historias de una forma u otra, dignamente, y dentro de ciertos parámetros. Y si
sabes que puedes hacerlo, ¿para qué escribes? El reto está en poder utilizar el
poco talento que tenías de inicio y los conocimientos que te ha dado la profesión
para construir un castillo de naipes sustentado en tus ideas de alucinado. Y el
reto definitivo es que al final, pese a todo, el conjunto tenga sentido. Yo no concibo
la literatura sin ese reto. Si cuando comienzo una novela sé que la puedo escribir,
sé todo lo que voy a decir y sé por qué lo voy a decir, no la escribo. Empiezo más
proyectos de los que acabo y soy tremendamente prolífico porque escribo por voz,
como esta entrevista. Lo que no me funciona lo guardo para mejor ocasión. De hecho,
Diario de una adolescente del futuro
está escrito a partir de las cenizas de un proyecto fallido de hace casi diez años.
El Beckenridge de la novela, ese robot con sentimientos
y conciencia de sí mismo, recuerda a
El hombre bicentenario, de
Asimov; asimismo, la idea de vivir en
un mundo virtual nos trae a la memoria la trilogía de Matrix, de los hermanos Wachowski…
¿qué deuda mantiene su obra con la ciencia ficción?
Javier Cosnava:
Sobre este tema me permitirás que no hable demasiado. Yo soy un gran admirador de
la ciencia-ficción clásica. El que sea conocedor del género recordará un famoso
personaje de una novela de hace muchos años que se apellidaba Beckenridge; también
recordará un escritor que se apellida
Lem, como el hombre que en
Diario de una adolescente del futuro
inventa la forma de convertir a los jóvenes y también a los adultos en borregos
al servicio del poder. Hay diversas referencias a la ciencia-ficción clásica en
Diario...,
pues yo creo firmemente los niveles de lectura y no me gusta que nadie me diga los
secretos que esconde cierta novela para el que tiene la suerte de encontrar las
referencias que, como pequeños tesoros, perlan sus páginas. De la misma forma, yo
no diré nada más. Las dos que he dicho son muy evidentes y el conocedor de la ciencia-ficción
las habrá visto rápidamente. Pero hay muchas más que quedan para el lector que pueda
disfrutar de ese nivel de lectura, alguna hacia
Asimov, como bien habías notado. Eso
es lo más bonito de una novela que te ha gustado, el poder releerla y ver cosas
nuevas. En
Diario de una adolescente del futuro
hay mentiras dentro de las mentiras como en todas mis obras e incluso algún que
otro giro de guión que no se puede advertir a simple vista.
El lenguaje de Paula, la protagonista, es sucio,
descarado y crudo; y sus acciones son más sucias, descaradas y crudas, si cabe.
Por favor, tranquilice a los padres de los adolescentes, niegue que las cosas que
cuenta sobre la vida común de los jóvenes no son tan reales como parecen serlo tras
leer su libro…
Javier Cosnava:
Yo he tenido la gran suerte de poder ser padre sin serlo. Mi hermana se separó siendo
mi sobrina muy pequeña y en los años de crecimiento personal de ésta yo ejercí de
figura paterna. Tuve pues la suerte de ser una especie de padre putativo, con todas
las ventajas de un progenitor y sin cierto velo en los ojos que me he dado cuenta
tienen los padres hacia las acciones de sus hijos biológicos. Jamás había existido
una generación de padres que ignorasen tan completamente lo que hacen sus hijos.
Como escribo en el prólogo, tuve acceso a cartas e incluso diarios de chicas jóvenes
muchos años atrás en la primera versión de la novela, cuando yo era un joven escritor
en una zona de las afueras de Barcelona. Asimismo, poco tiempo atrás, tuve la misma
oportunidad gracias a mi sobrina y sus amigas, en las afueras de Valencia. Desgraciadamente,
tuve que hacer tres borradores de la obra y a cada uno de ellos fui restándole palabrotas
y situaciones sexuales explícitas porque comprendí que a muchos les resultaría irreal
lo que en verdad sucede.
La versión actual de
Diario de una adolescente del futuro
es una versión más que censurada. Muchos padres conviven con sus hijos sin tener
ni la menor idea de quiénes son. Lo único que puedo decir para tranquilizar a los
padres es que las afueras de Barcelona y de Valencia o Madrid son de las más marginales
de nuestro país y que espero de todo corazón que en otras zonas con unos niveles
de escolarización y de estudios mejores las cosas sean diferentes. Yo espero que
realmente sea así.
Javier Cosnava frente a la fonda donde nació Hitler
Es probable que sea más difícil decir todo lo
necesario en pocas palabras que utilizar muchas para decir lo mismo. Quizá resulte
más complicado crear una historia completa en 250 páginas que en 800; incluso, aun
contando más cuando no se cuenta nada, ¿cómo ha organizado la escritura de su novela
para que diga todo lo que desea decir, y con tanta densidad, en tan poco espacio?
Javier Cosnava:
Como ya decía más arriba la mayor parte de las novelas tienen mucha paja. Quita
la paja y te quedará una novela de menos de trescientas páginas. Ahora están de
moda las novelas gruesas porque los editores no están dispuestos a publicar novelas
baratas y como las van a poner carísimas prefieren publicar un tocho de ochocientas
páginas porque el costo de impresión no es demasiado superior al de trescientas.
De esta forma consiguen que
el lector pague precios desorbitados
por obras que no lo merecen y que están compuestas esencialmente de paja y donde
la historia esencial está aderezada con descripciones completamente repetitivas
e innecesarias y conversaciones entre personajes que redundan en ideas o conceptos
y puntos de la trama que ya se habían tratado en capítulos anteriores.
Estoy trabajando en una novela de más de mil páginas pero porque se desarrolla a
lo largo de casi tres mil años. Pero es mi forma de trabajar: decir muchas cosas
en poco espacio. Tengo una infinidad de ideas en la cabeza y escribo mucho. Me aterraría
dedicar uno o dos años de vida a escribir una historia que en lo esencial se podría
escribir en doscientas páginas y rellenarla y seguirla rellenando y rellenando la
hasta que me dé el número de páginas que espera el editor.
Por otro lado, y para no parecer tan taxativo, diré que mis dos primeras novelas
son de largo las más breves que tengo mi zurrón. Las posteriores son bastante más
gruesas de páginas, pero es que tanto
De los demonios de la mente
un año atrás como ahora
Diario de una adolescente del futuro
son novelas pensadas para impactar en el lector, y eso sólo se puede conseguir con
pocas páginas, de lo contrario se ve venir el engaño. Es como un golpe de boxeo:
si lo das con mucha curva, partiendo de muy atrás y con lentitud el contrario lo
ve venir y lo esquiva; lo tienes que dar con el brazo contraído, a escasa distancia,
rápidamente.
Los editores se equivocan: las novelas con pocas páginas tiene muchas más posibilidades
de impactar en la retina y las entrañas del lector.
En casi todas las novelas que he leído (si exceptuamos
a Pérez Galdós) los finales son felices. No pretendo que Paula coma perdices con
su androide Beckenridge pero el final del libro, su final, es desesperanzador. El
otro final, el que ha escrito para su obra Eva Rubio, impreso como último capítulo,
parece que nos ofrece una pequeña luz de optimismo… sin embargo, es tan solo una
ilusión. ¿No hay consuelo para el lector porque tampoco se lo ofrecería la propia
vida?
Javier Cosnava:
No tengo problema en hacer finales felices. Pero es que la historia lo tiene que
pedir. Esta no lo pedía. Yo siempre trabajo al servicio de la historia: ella tiene
vida propia y me dicta ciertas reglas. Si
Diario de una adolescente del futuro
tuviera un final feliz no sería la novela que es, pues trata de ser un reflejo de
la vida.
Google es un buscador un tanto “chismoso” y
gracias a él me he enterado de que está pensando en una segunda parte de Diario
de una adolescente del futuro. ¿Cómo armará la historia teniendo en cuenta que busca
colaboraciones para escribirla?
Javier Cosnava:
Yo creo profundamente en las obras colectivas. Lo he dicho muchas veces. En la segunda
parte de
Diario de una adolescente del futuro
me gustaría incluso no salir como autor sino sólo como conductor del proyecto, como
aquellas famosas obras de Alfred Hitchcock presenta. Ya tuve la experiencia de hacer
una obra colectiva con otros once autores y ha sido de largo el proyecto que más
prestigio me ha dado en los medios de comunicación. Además, me lo pasé muy bien
haciéndolo.
Las obras colectivas son una forma de reunir talentos que de otra forma estarían
dispersos y, además, pueden permitir conseguir ese número de páginas con que sueñan
las editoriales (risas).
La segunda parte de
Diario...
(si las cifras de venta permiten hacer esa continuación) tendría al menos seiscientas
páginas y sería una novela muy diferente. En primer lugar, tiene un final esperanzador;
en segundo, trataría temas diferentes aunque complementarios. Si la primera parte
hablaba de las dictaduras de derechas y en cierto modo del maltrato psicológico
y la estupidez que conducen a la promiscuidad sexual... la continuación hablaría
de las dictaduras de izquierdas y de la mojigatería. En medio de grandes dosis de
acción, con revueltas de
robots y batallas espaciales (la mayor parte de la obra se desarrolla
fuera ya de la tierra) se tratarían ciertos temas que son el anverso del espejo
de la primera parte. En ella, la protagonista, de veinticinco años, es una persona
retraída, sexual y socialmente, que vive en un mundo convertido en una suerte de
dictadura del proletariado y del que, en la primera escena, los protagonistas están
huyendo, porque este planeta que no merece ser salvado. Pero el final, ya digo,
es esperanzador. Esa historia lo pide. De alguna forma, es como dar a la raza humana
una segunda oportunidad. Su nombre, Diario
2: el fin de la Tierra.
Gracias por habernos concedido esta entrevista para Anika Entre Libros.
Javier Cosnava:
Gracias a vosotros, muchos besos y abrazos a ti, a Anika y a todo el equipo de colaboradores
que hacéis posible esta maravillosa WEB!!!!
La prosa de Javier Cosnava se lee con los ojos pero llega directamente al corazón
para no dejar imperturbable a nadie.
Gemma Nieto ©
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